#Experiencia Ciencia Abierta

Entrevista
Dr. Rubén Ananías Abuter

Académico de la Facultad de Ingeniería, en el Departamento de Ingeniería de Procesos y Bioproductos, y actualmente, editor científico de la revista Maderas: Ciencia y Tecnología en la Universidad del Bío-Bío.

«Los artículos tienen que contribuir al sistema científico internacional, pero también tener un impacto en la sociedad local”

¿Cómo se comunica la ciencia de manera rigurosa, abierta y confiable? Para responder esta pregunta conversamos con el Dr. Rubén Ananías Abuter, académico del Departamento de Ingeniería de Procesos y Bioproductos de la Facultad de Ingeniería y editor científico de la revista Maderas: Ciencia y Tecnología de la Universidad del Bío-Bío. En esta entrevista nos comparte su experiencia sobre las buenas prácticas en la publicación científica y el valor de las revistas institucionales en el desarrollo de la investigación. La conversación estuvo a cargo de Karen Romero Correa, Analista de Gestión de la Investigación y Ciencia Abierta de la Dirección de Investigación y Creación Artística de la UBB.

“…está claro que si uno publica en revistas de acceso abierto aumenta la visibilidad de las publicaciones y se acelera el conocimiento…Pero eso conlleva también una mayor responsabilidad en lo que se publica.”

¿Cómo llegó usted a ser editor de la revista? ¿Contaba con una preparación previa, por ejemplo, a partir de su doctorado, para asumir este cargo?

«Venía llegando de mi doctorado en Francia, y el colega que estaba a cargo de la revista justo había sido designado en otro cargo en la Universidad. Entonces, como yo estaba recién aterrizado, me correspondió asumir esa tarea en el departamento. Fue un poco eso; no había otra opción.
Me imagino que mis colegas vieron que yo tenía algunas capacidades para abordarlo. Creo que esta fue, no sé si la segunda o la tercera revista universitaria institucional, y tampoco había mucha experiencia. Mi colega, que estaba a cargo desde que partió la revista a fines de los años 90, me dio algunos consejos para retomar la revista y el cargo. En ese momento había una sola persona y había que hacerlo todo.
Yo creo que eso le pasaba a la mayor parte de los editores de revistas institucionales de nuestra universidad: uno parte solo y después se va perfeccionando. En el caso de las revistas institucionales, los editores no vienen preparados; se van haciendo en el proceso de dirigir una revista. Al principio es muy difícil, sobre todo en la época en que yo asumí, porque las revistas institucionales no estaban en el ecosistema de revistas indexadas. Había que abrir camino: atraer a los autores y conseguir que los examinadores quisieran evaluar artículos de una revista que no era conocida. Todo empezó como algo local y poco a poco fue creciendo con indexaciones, primero básicas y luego propias de la disciplina, y así la revista se fue dando a conocer en el ambiente científico.»

“En el caso de las revistas institucionales, los editores no vienen preparados; se van haciendo en el proceso de dirigir una revista”

En sus inicios, la revista era poco visible, y lograr visibilidad no es sencillo. ¿Cómo ve hoy todo el trabajo que hay detrás de la revista?

«Sí, era poco conocida; había que hacerla visible de alguna forma.

Ahora estamos en otra etapa, en la que la competencia es muy grande, porque justamente con el crecimiento que hemos tenido la revista se ha ido posicionando en un ámbito muy competitivo. Además, los presupuestos con que contamos en la universidad estatal son limitados. Competir con las grandes editoriales, que cobran APC (cargos por procesamiento de artículos), es difícil: si uno quiere publicar en acceso abierto ahí, tiene que pagar 3.000 o 4.000 dólares, al menos en nuestra disciplina, y ellos funcionan muy bien con eso. Nosotros, para poder competir, necesitamos personal que hay que financiar y herramientas computacionales para estar a la altura del trabajo que se realiza a ese nivel. Las revistas no se desarrollan si no compiten en el ecosistema internacional de la ciencia, más allá de lo local, regional o nacional.»

Hoy se habla mucho de malas prácticas en la publicación científica y de revistas que se aprovechan de la presión por publicar. ¿Cómo ha vivido este escenario y dónde cree que se origina?

«Ese escenario lo hemos vivido. Uno de los aspectos que se reconoce como origen de las malas prácticas es la urgencia o necesidad de publicar, el «publicar o perecer», que se da en la comunicación científica. Los estudiantes de doctorado y de postgrado necesitan publicar para poder acceder a su grado académico. Los académicos tenemos que realizar investigación para tener una buena evaluación y mejorar la jerarquización, y todo eso tiene que ver con los requerimientos de publicación. Lo mismo ocurre con los fondos concursables, por ejemplo, de ANID o internos, donde los principales entregables son justamente las publicaciones.

Entonces hay un mercado en el cual ciertas revistas y editoriales han encontrado una oportunidad. Cuando uno recibe una invitación a publicar o a un congreso, y le dicen que su paper ha sido muy bien evaluado, eso atrae fácilmente, sobre todo con la presión de tener que publicar para responder a la agencia de financiamiento. Eso le ocurre sobre todo al investigador joven, que por esa necesidad puede caer en ese tipo de revistas. Cuando el investigador es más avezado, conoce mejor cómo funciona el sistema en su disciplina.

En ese sentido, yo he destacado siempre que las revistas institucionales tienen ese carácter de poder apoyar, sobre todo a los investigadores más jóvenes, en conocer el sistema de publicación y de comunicación científica antes de acceder a otras revistas de mayor impacto o de naturaleza internacional, y así evitar ese grupo de revistas que, en mi opinión, no respetan los principios éticos fundamentales de la comunicación científica.»

Para los investigadores que recién comienzan, ¿qué señales deberían considerar para saber si una revista es legítima o no?

«Muchas de ellas tienen nombres parecidos o similares a los de revistas de editoriales prestigiosas, y si no se tiene experiencia se puede caer en la tentación de someter el artículo a esa revista. Lo otro es consultar con los colegas, con los pares que tienen experiencia en publicar. Hay que desconfiar si alguien le está diciendo que su trabajo es muy bueno, excelente, y lo está halagando demasiado; ahí hay algo que no está bien.

Después hay sitios web en los que uno puede revisar si hay antecedentes sobre esa revista. Existen listas donde aparecen las revistas que se supone incurren en estas malas prácticas: no hacen revisión por pares, aceptan el trabajo muy rápido y luego piden cierta cantidad de dinero para publicarlo. Y también hay que revisar si se cumplen las normas éticas: por ejemplo, que la revista esté suscrita a COPE (el Comité de Ética en Publicaciones) o adhiera a sus estándares, o a la Declaración de Singapur sobre integridad en la investigación. Es decir, verificar que la revista o la editorial esté inscrita en esos organismos.»

Usted también participa en el programa de postgrado. ¿Existen espacios de formación donde los estudiantes aprendan a evaluar si una revista es confiable antes de publicar su trabajo?

«Sí, en el postgrado nuestro, y me imagino que en todas las instituciones universitarias que forman graduados, hay cursos de introducción a la comunicación científica y seminarios de investigación donde se van tratando estos temas. Pero eso ocurre en los primeros años, y la tesis de doctorado usualmente comienza en el segundo o tercer año. Nuestro doctorado, por ejemplo, dura cuatro años; los primeros tres o cuatro semestres son de cursos lectivos, con todo lo relativo a la disciplina, y ahí el doctorante también cursa asignaturas como seminario de investigación y comunicación científica, donde se tratan estas temáticas.»

Pero después el doctorante pasa otros tres o cuatro semestres haciendo su tesis, y la memoria es corta. Va a tener la presión de que, para obtener su grado, le van a pedir una publicación aceptada y quizás otra sometida. Ahí es cuando surge la oportunidad para estas revistas que se aprovechan con malas prácticas para atraer a quienes necesitan publicar para completar su ciclo de grado, o, como le decía, en el caso de los proyectos, donde uno tiene que rendir con publicaciones científicas.»

¿Es un riesgo que sigue presente hoy en día?

«Claro, y está latente todo el tiempo. Ahora, por ejemplo, se ha hablado mucho de las revistas de MDPI donde se habla MDPIzación, que es una de las editoriales cuestionadas. Yo también he publicado en ellas, pero una cosa es publicar un artículo cada cinco años, y otra es que alguien que tenía una publicación anual de repente publique veinte. Hay saltos de productividad que no corresponden a la realidad. Me imagino que por eso la mayoría… en Chile se han dado saltos de productividad asociados a esas revistas.»

“Hay saltos de productividad que no corresponden a la realidad”

Todo esto forma parte de una publicación responsable. ¿De qué manera se relaciona con la construcción de una ciencia más abierta, confiable y accesible para la comunidad?

«Está claro que si uno publica en revistas de acceso abierto aumenta la visibilidad de las publicaciones y se acelera el conocimiento que se puede agregar al sistema científico internacional. Pero eso conlleva también una mayor responsabilidad en lo que se publica. Muchas veces, para favorecer este tipo de publicaciones abiertas, aparecen cobros excesivos, y eso tiene cierto sentido porque, como explicaba antes, cualquier revista necesita personal y equipamiento.

La revista Maderas está en la disciplina de ciencia de la madera, y en las revistas del mismo cuartil de esa disciplina los cobros son del orden de entre 1.000 y más de 4.000 euros o dólares por un solo artículo, y publican cientos, algunos miles de artículos al año. Con eso, obviamente, ¿cómo va uno a competir con los recursos a los que ellos acceden cobrando el procesamiento de los artículos? Nosotros, como revista institucional, promovemos la ciencia abierta: usamos licencia Creative Commons y la revista Maderas es de acceso abierto diamante; no se cobra por publicar ni por someter. Lo que se promueve con eso es que no solo el artículo sea abierto, sino también los datos de la investigación. La misma universidad tiene ahora un repositorio donde se puede incentivar eso, y eso significa más confiabilidad, porque se tiene acceso al artículo completo, se puede replicar la metodología o usar los datos como datos secundarios para otros análisis o para complementar estudios.

Lo otro es que en Chile están los fondos públicos a los que accedemos, quienes somos editores de revistas también somos investigadores; no nos dedicamos solo a la edición, que es un trabajo más entre otras actividades, y por lo tanto nos interesa que, cuando accedemos a fondos públicos que exigen depositar datos, como en el caso de los Fondecyt, y que las publicaciones sean en acceso abierto, cumplamos con esos protocolos para que esa ciencia llegue a más investigadores, a los estudiantes de postgrado y, en algún grado, a la sociedad. No es fácil. En FONDECYT, por ejemplo, donde tenemos varios proyectos, desde hace un tiempo se exige publicar los datos en abierto y hay un compromiso de depositarlos en repositorios; y como el proyecto tiene financiamiento, se pueden pagar los cuatro mil o más dólares de APC. No se lo impiden; así funciona.»

“La revista Maderas es de acceso abierto diamante; no se cobra por publicar ni por someter. Lo que se promueve con eso es que no solo el artículo sea abierto, sino también los datos de la investigación.”

Como parte de las buenas prácticas y del compromiso editorial, ¿qué oportunidades y riesgos plantea el uso de la inteligencia artificial en la revisión y publicación de artículos? ¿Qué buenas prácticas deberían adoptar autores y editores frente a esta tecnología?

«Ciertamente, la inteligencia artificial generativa ha golpeado fuertemente y a gran velocidad a las revistas, en cada etapa del proceso editorial, y eso trae como consecuencia oportunidades y riesgos para la comunicación científica. Entre las oportunidades, por ejemplo, está mejorar la redacción y reducir la brecha lingüística para quienes no tenemos el inglés, que es el idioma de la ciencia, como lengua materna. Eso nos ha favorecido.

Recuerdo que antes de salir al extranjero había publicado artículos científicos, pero con el apoyo de colegas cuya lengua materna era el inglés, y así era más fácil. Después, cuando estudié en Francia, seguía limitado en inglés, y tuve problemas de rechazo, no por mérito científico, sino porque los examinadores no entendían bien lo que estaba escrito. Ahora eso nos facilita la vida, porque ese problema se resuelve rápidamente y los artículos pueden ser evaluados por su mérito científico. Durante un tiempo, en la universidad solicitábamos fondos para reducir el problema del inglés: la universidad contrataba servicios de expertos en traducción para dejar los papers en condiciones de ser sometidos, y muchas editoriales también prestaban ese servicio pagado. Ahora es importante porque nos permite someter nuestros trabajos para que sean evaluados por sus méritos científicos y no sean rechazados por la redacción.

Los revisores también la usan para identificar inconsistencias metodológicas y fallas en las citas, por ejemplo. Y nosotros, los editores, la usamos principalmente para la detección de textos potencialmente no originales antes de pasar al proceso de publicación.

Entre los riesgos de la inteligencia artificial están los típicos: las alucinaciones, la producción de textos falsos, citas o referencias que no existen. Uno puede obtener algo muy bonito que no responde a la realidad. Respecto de la revisión de manuscritos, diríamos que eso está estrictamente prohibido. Lo tenemos en las normas de la revista, en las instrucciones para los autores: los autores tienen que declarar el uso de inteligencia artificial, y los examinadores no pueden someter los manuscritos a este tipo de herramientas, porque la idea es que el examinador aporte el juicio crítico de un ser humano, que es lo que se requiere para evaluar, por ejemplo, la novedad científica y el impacto de la publicación.

La buena práctica, entonces, es que los autores declaren el uso de inteligencia artificial y que para los examinadores exista una prohibición absoluta de usarla; si no pueden hacer la revisión sin ella, mejor que digan que no pueden hacerla. Eso no ocurre solo en nuestra revista; se ve en todas las revistas de editoriales internacionales. Y nosotros, como revista, la usamos para la detección de textos similares y del potencial uso de inteligencia artificial.»

“…la inteligencia artificial generativa ha golpeado fuertemente y a gran velocidad a las revistas, en cada etapa del proceso editorial”

Desde su rol como editor, ¿qué procesos desarrolla el equipo editorial para garantizar la calidad, la ética y la confiabilidad de lo que se publica?

Usted mencionaba la revisión por pares como parte central de ese proceso. ¿Es también lo que sostiene la credibilidad de la revista frente a autores y lectores?

«Sí, claro la revisión por pares es parte fundamental del proceso. Nosotros, como todas las revistas científicas, publicamos anualmente el listado de los examinadores que han actuado como evaluadores durante el año. Yo diría que la revista somete los artículos al rigor científico propio de la disciplina, lo que asegura que la información que se publica sea cierta, replicable y esté sustentada en la evidencia. Eso está fuertemente vinculado con la credibilidad de una revista de calidad, y los autores también prefieren someter sus hallazgos a revistas que garantizan procesos transparentes y evaluaciones imparciales y rigurosas del mérito científico de un artículo.»

“…la revista somete los artículos al rigor científico propio de la disciplina, lo que asegura que la información que se publica sea cierta, replicable y esté sustentada en la evidencia.”

¿Cómo visualiza el papel de las revistas institucionales en el sistema de acceso abierto, y cómo podrían las políticas de ciencia abierta ayudar a sostener este trabajo en el futuro?

«Yo pienso que uno de los aspectos clave de la ciencia abierta para las revistas institucionales, como la nuestra, que publica sin costos de procesamiento bajo el modelo diamante que mencionaba antes, es la sostenibilidad financiera. Ya hablábamos de que las revistas de la misma disciplina y del mismo cuartil que la nuestra cobran por el procesamiento para publicar en acceso abierto del orden de 3.000 a 4.000 dólares.

También se requiere, para la ciencia abierta, apoyar estrategias para encontrar examinadores idóneos en la disciplina que agilicen el proceso de revisión por pares y trabajen, como decía antes, con rigor y además voluntariamente, porque uno de los retos fundamentales que tenemos las revistas internacionales es encontrar examinadores que hagan el trabajo en forma rigurosa. Y esto tiene que venir con el apoyo de herramientas computacionales avanzadas para la detección de potenciales textos similares o generados por inteligencia artificial.

Como revista institucional, creemos que los artículos tienen que contribuir al sistema científico internacional, pero también tener un impacto en la sociedad local. Por lo tanto, lo que se requiere para el futuro es fortalecer la confianza en las publicaciones institucionales mediante políticas transparentes, con financiamiento permanente para los equipos de trabajo y las herramientas computacionales que requieren las revistas comprometidas con este proceso de ciencia abierta.»

Para cerrar, ¿podría mencionarnos algún ejemplo de trabajos publicados en la revista cuyos resultados se hayan utilizado para mejorar algún proceso o práctica?

Ciencia Abierta UBB
Agosto 2026